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En medio de la
desesperación que a menudo presentan las personas obesas, y en su afán por entender el
porqué de su facilidad para aumentar de peso, la glándula tiroides, es frecuentemente
colocada en el banquillo de los acusados. Las hormonas tiroideas pasan entonces a
concretar el sueño que contrarresta el fatal aumento de peso que ocurre después de cenar
una suculenta pizza, una arepa o un dulce y llevar una vida sedentaria carente de deporte
o actividad física. Es ahí donde muchos piensan que su glándula tiroides es la culpable
de su obesidad y recurren a farmacias para adquirir directamente las hormonas. Otras las
toman dentro de esos productos que esconden detrás de su etiqueta de
"naturales" hormonas tiroideas. Supuestamente éstas, por acelerar el
metabolismo, adelgazan a quien las consume. Nada es más falso, pues las
hormonas tiroideas tomadas por quien no las necesita, no producen adelgazamiento alguno. Lo
que sí producen es ansiedad, palpitaciones, elevación de la presión arterial,
angustia, sensación de susto, malos presentimientos, acortamiento de los ciclos
menstruales y reglas muy escasas. Además se observa irritabilidad, cambios de carácter,
llanto y agresividad.
En realidad, varios estudios científicos han demostrado que, fuera de los síntomas de
sobredosis, las hormonas tiroideas agregadas a la dieta, no producen un adelgazamiento
mayor que la dieta sola. Es cierto que cuando existe una insuficiencia tiroidea, uno
engorda más. Pero existen otros síntomas asociados al sobrepeso que nos guían hacia el
diagnóstico de hipotiroidismo. El aumento de peso aislado no es consecuencia necesaria de
un mal funcionamiento de la glándula tiroides.
A su vez, múltiples estudios reportan que las dietas muy restrictivas o muy bajas en
nutrientes disminuyen la conversión de hormonas tiroideas en una hormona más activa que
se denomina triodotironina o T3. En los que hacen dietas de hambre, en vez de T3 activa,
se produce un metabolismo inactivo que no tiene ningún papel acelerador metabólico. Esto
favorece la acumulación de grasa y la disminución del metabolismo energético, a la vez
que explica por qué los pacientes que hacen dietas de hambre dejan de rebajar en un
momento dado, aún continuando el régimen, y por qué engordan con mucho mayor facilidad
que antes de haber iniciado la dieta.
Por este motivo se debe evitar el hacer ayunos y dietas de hambre con
la finalidad de adelgazar, pues estas dietas en vez de ayudarnos a adelgazar más bien
preparan bioquímicamente nuestro organismo para engordar de nuevo otra vez y con menos
comida que antes. |
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